domingo, 17 de marzo de 2024

Temporada de huracanes


Temporada de huracanes
(Elisa Miller, 2023) nada tiene que ver con ese cine mexicano para la exportación, repleto de comedias rosa de gente bien, donde todo es idílico y no existen conflictos sociales.

 

A partir de la novela homónima de Fernanda Melchor, el filme de la destacada realizadora (su precioso cortometraje Ver llover recibió la Palma de Oro en Cannes 2007) navega en las antípodas, para conectarse con el tema de la pobreza-infancia-adolescencia-delincuencia juvenil, viejo ítem del cine latinoamericano, como del mexicano en específico, que inicia con Los olvidados (Luis Buñuel, 1950) y llega hasta hoy, a través de decenas de largometrajes.

 

En esta cinta, a diferencia de la mayoría de tales trabajos, el ámbito no es urbano, sino rural, y, sin desmarcarse del drama social, la Miller intenta establecer, en tono y cierta parte de la narración, asociaciones con un hálito garcíamarquiano, las cuales no le favorecen. Similar le ocurrió al tan alabado filme colombiano Los reyes del mundo (Laura Mora Ortega, 2022) en sus concomitancias con el realismo mágico.

 

Con todo, la historia de Temporada de huracanes es potente, como la labor fotográfica de la uruguaya María Secco (quien también impone su sello en la reciente película chilena Brujería), lo mismo que el registro de jóvenes actores no profesionales y el planteamiento dramatúrgico de fragmentación/completamiento de la información desde la diversidad de puntos de vistas, algo en funcionamiento desde los tiempos de Rashomon (Akira Kurosawa, 1950). En conseguirlo de tan acertada manera aquí deviene estratégico el curado montaje de Paulina del Paso y Miguel Schverdfinge.

 

Temporada….representa un acercamiento desgarrador a males gravitantes en México, a semejanza de casi toda Latinoamérica, como la ignorancia, la superstición, el crimen, la desatención juvenil, la homofobia, la misoginia, el machismo…, desde un prisma que hunde el escalpelo dentro de la sordidez cotidiana y el deterioro moral de adultos o jóvenes, casi niños en ciertos casos, definidos y superados por la desoladora realidad social e incivilidad ética que les tocó vivir.