Con
Separación (Severance, 2022), serie al aire por la televisión nacional, me
ocurre algo semejante a lo experimentado con Nuevo orden, la película mexicana de Michel Franco de hace dos
años. La distopía social planteada por el realizador latinoamericano en su
filme, estudio sobre los efectos de los desequilibrios de poder y el empleo de
este para fines macabros en sociedades sujetas a un hipercontrol militar e
inmersas en el caos, más que del futuro me parecía hablar de la
contemporaneidad de la región desde la época de las dictaduras entronizadas a
la sombra de la Operación Cóndor. Ni la escena más violenta del largometraje
lograba alcanzar el salvajismo practicado contra los seres humanos por
gobiernos como el de Stroessner, Pinochet o Videla, con tantos miles de
asesinados.
La
presumible distopía laboral planteada por Separación,
a su vez, en verdad es apreciable desde hace tiempo, expresado ello por
conducto de la toxicidad de dinámicas laborales del mundo occidental, donde la
omnipotencia del ente empleador reduce a calidad de sujeto alienado, en estado
de aislamiento, sumisión mental y anulación de su personalidad, por ende
esclavizado, a la figura del trabajador. En un esquema laboral de países como
los Estados Unidos, por añadidura, la instancia de intermediación del sindicato
quedó reducida a esquirlas luego de años de paulatina desmembración de los
derechos del asalariado. O sea, está solo, sin armas para defenderse y a merced
del esquilme, atropello emocional o manipulación total del jefe. Tal como
sucede en Separación.
Resulta
cuando menos singular que la plataforma en streaming
de un emporio del capitalismo norteamericano a la manera de Apple se descuelgue
con esta suerte de rareza, que lo es vista dentro del conjunto de la
teleficción anglosajona actual. La serie de Dan Erickson es valiosa por cuanto
discursa, sí, y sobre ello no deseo detenerme, en tanto cada espectador
arribará a sus juicios propios; pero sobre todo debido a las formas (y
herramientas) cómo lo expone, en realidad su baza mayor.
La
dichosa irreverencia, la sutil locura que permea a cada uno de los nueve episodios
se cruza con interconexiones dialogísticas con el aura semántica, los
enrarecimientos y constructos narrativo-formales de creadores como Spike Jonze
(especialmente su ¿Quieres ser John
Malkovich?), el Michel Gondry de Eterno
resplandor de una mente sin recuerdos, el Roy Andersson de Sobre lo infinito o el David Lynch de Twin
Peaks, para germinar a la postre una obra audiovisual a contracorriente, en
la cual por más señas el relato se toma todo el tiempo querido para entregar
sus encantos. Mas vale la pena aguardar.
Separación va
de a poco erigiendo un universo reconocible e identificable, donde la
predictibilidad nunca entra en escena, en tanto los episodios juegan con el
disfraz o el camuflaje, se sustentan en el enigma y en el aliento de la
sugerencia. Es más lo inferido que lo presentado. De plus, un fino, bizarro
humor atraviesa los diálogos en la curiosa oficina de los trabajadores de la
corporación Lumon Industries. A veces sin palabras siquiera, reparemos por
ejemplo en los instrumentos faciales de la actriz Britt Lower en el papel de la
oficinista Halley.
La
interpretación de Lower, entre las más completas de la serie, es fascinante,
como fascinante resulta el trabajo de interpretación general de un elenco que empasta,
se complementa y contribuye sobremanera al tono perturbador y a la generación
de la atmósfera de inquietud, desasosiego, de no saber y sinsentido permanente
en la trama. Supone auténtica gozada ver las improbables confluencias
románticas de Christopher Walken y John Turturro (cuando este último, el actor
de Barton Fink, le dice al de La zona muerta que aún no está preparado
para dar un paso más allá, esto es el beso y lo físico, en la relación, sin ser
Separación una serie humorística logró que este reseñador respondiera a
mandíbula abierta a su socarronería lúdica).
Otra
presencia, siempre esplendente, como la de Patricia Arquette, ilumina el nuevo
exponente de Apple TV+. La jefa de Lumon Industries es, junto a su asistente
principal, el Ojo de Moloch encargado de escudriñar cada paso de sus peones, quizá
cobayas, de esta nueva Metrópolis retrofuturista de entorno opresivo donde casi
nada parece lo que es. Donde tampoco casi nadie parece lo que es, porque en
realidad no lo es.
Visionen Separación, respeten sus tiempos, disfruten
su curiosa carga cómica, admiren su cuadro actoral, subyúguense con su
magnetismo, sopesen sus pertinentes subtextos y habrán tenido la oportunidad de
disfrutar una de las mejores series estadounidenses de 2022.