Crecí viendo y amando el
arte interpretativo de Jeff Bridges, su seguridad ante la cámara, su capacidad
de contención y esa personal deontología ética que rigió su profesión desde
siempre. Con él no hay deslices, tropezones, ni “no sabía en que me estaba metiendo”.
El actor de “Tucker”, por norma, va al seguro a modelar personajes que de veras
lo son porque poseen pliegues y repliegues, conflictos, dubitaciones…, a
quienes tipifica mediante esa poderosa inserción en su piel, agenciada mediante
una suerte de mezcla singular de sabiduría histriónica, planificada hasta el
grado del detalle, y fisicidad a lo Marvin o Nolte puesta al servicio del ser
encarnado en sus ejemplares trabajos actorales.Tanto mejores cuanto mayor
cantidad de años pasa actuando.
