“La
combinación del concepto y del reparto es un sueño hecho realidad”, dijo Peter
Segal al terminar Locos de ira (Anger management).
Complementando: “Siempre que hablo de mi filme digo que se trata de una comedia
sobre un hombre interpretado por Adam Sandler, que tiene que acudir a sesiones de terapia en las cuales el
terapeuta mental es Jack Nicholson; y entonces la reacción es inmediata. Todos
quieren ir a verlo”. Lo que en realidad se agazapa detrás del eufemismo
empleado por el director de la cinta es que la idea de unir a un monstruo del
arte dramático, peso pesado histórico de Hollywood como el viejo Jack, con el
allí muy popular Adam Sandler, constituye un golpe maestro de la estrategia
industrial para de una sola sacada capturar a la audiencia millonaria y
multietárea de Nicholson junto a la nada escasa de la joven estrella cómica de
pasado cabaretero.
