Hay, al
parecer, en cada país chistes asociados al comportamiento de las personas de
las distintas regiones geográficas, los cuales, infundada su razón en la
mayoría de los casos, en no escasas ocasiones vienen teñidos de posiciones
discriminatorias, por no decir racistas o exclusivistas. Quizá porque siempre
he pasado de eso, y me da igual que los seres humanos provengan de Pinar del
Río o de Ciudad del Cabo, pues no hay verdad más grande en este mundo que todos
somos iguales, repelo tanto producciones como Ocho apellidos catalanes (2015), cuya columna argumental se basa en
la explotación hasta el infinito de tales estereotipos.
