Descendiente único de familia obrera de ascendencia
italiana, “madre severa” y “padre muy reservado”, el 12 de diciembre de 1915
dio su primer balbuceo en la
Tierra alguien nombrado Francis Albert Sinatra; o Frank para
entendernos. El irrepetible timbre musical de La Voz -así lo recordarían no más cantar y de allí a
la eternidad-, brotaba de magma genético bendecido por dones telúricos. Si el
cuerpo de la Monroe
se entendía de perlas con la
Naturaleza, su pecho lo hacía igual con el aire, el sonido
del viento, los elementos.
