Como Spielberg u otros de la
camada, de niño Sam Raimi (1959) filmó en Super 8, desanduvo luego los pasos
habituales hasta el 35 milímetros…,el éxito: la consabida cadena, aunque no
necesariamente en tal orden, pues ya rodando en 16 se agenció los primeros aciertos
en la pantalla; ahí está para refrendarlo algún capítulo de su trilogía Evil
Dead, iniciada hacia 1981. A
la manera del contador de historias evocado por Oscar Wilde en su célebre apólogo
sobre la fantasía, a Sammy le agradaba referirle relatos nocturnos a sus
compinches de mataperradas: “Me gustaba sentarme alrededor de una hoguera o en
una habitación oscura y escuchar y narrar historias de miedo de mis amigos”. Al
modo de Tarantino, se “tragó” los géneros (en su caso los ligados al
fantaterror), en vino fílmico escanciado con remarcada fruición a lo largo de
los años.
