El otrora atendible realizador británico Danny Boyle ilustra a las
claras el modelo de creador cuya impronta va desvaneciéndose a medida que
concibe una nueva película. El progresivo descenso del director de Tumba
abierta, Trainspotting y 28 días después no es reciente, valga aclararlo; viene
desde los hoy día lejanos tiempos de Una historia diferente o La Playa. Pese a timar a medio
planeta mediante la academicista/sensiblera/manipuladora/oportunista Slumdog
Millonaire, pura carne de Oscar antes de filmarla, ni convenció del todo en
Sunshine ni tampoco en 127 horas; no obstante todas ellas superiores, por
mucho, a la ahora estrenada en Cuba, Trance.
