Europa ha regalado a los cinéfilos de pura cepa varias de
las películas más cautivadoras rodadas en el planeta en fecha cercana. A Leviatán, Ida o Fuerza mayor, de
Rusia, Polonia y Suecia en igual orden, súmase la, tan laureada como aquellas,
cinta húngara White God (Fehér
isten, 2014), invitación tentadora a contactar con propuestas narrativas
desligadas del modelo de representación institucional o discurso audiovisual
hegemónico.
