A 500 años de expansión colonial, crimen y pillaje en
ultramar; a un país anquilosado; en fin a un régimen político fascistoide en
bancarrota moral, iba a poner punto final la operación que comenzó en Portugal
durante la madrugada del 25 de abril de 1974, bajo la organización de un grupo
de valerosos y progresistas oficiales del Movimiento de las Fuerzas Armadas
(MFA), o de los Capitanes, en lo que constituiría el inicio de una auténtica
revolución popular. La acción armada, no sangrienta pero victoriosa, se
planificó para cumplirse en tres semanas, mas solamente demoró un día, gracias
al apoyo de las masas populares al pronunciamiento militar contra la dictadura
filosalarazista de Marcelo Caetano. Fue aquella un revolución poética no solo
por la identificación con los claveles, la flor primaveral predilecta de los
portugueses, sino por el halo romántico, mágico que envolvió su génesis y
desarrollo. Significaba, al tiempo que un réquiem por un imperio putrefacto, un
vítor fortísimo a la ilusión, los sueños y la fe. La de Abril fue una revolución que barrió de
ayer y aireó de mañana a un pueblo reacio a perder la capacidad de creer.
