Ver lo remoto cual túnel de escape ante la adversidad
es algo que está encostrado a los genes de la especie desde su fase ancestral.
Las constantes huidas de personas hacia sitios extraños tuvieron muchas veces
origen, a lo largo de la historia de la humanidad, en el miedo ante el peligro
inminente. Este sentimiento primigenio es el que motiva el desplazamiento hacia
Kenya de la familia judía alemana de los Redlich en 1938, antes del exterminio
nazi a los de su raza. La pareja de Walter y Jettel Redlich junto a su hija
Regina, personajes centrales de En ningún lugar de África (Nirgendwo
in Africa) deben replantearse modos de obrar y pensar ante su choque con
cultura y condiciones de vida diferentes. El quiebre del particular orden de
las cosas de los dos esposos motiva que lo que en principio pudiera haber
parecido una estructura con vocación de monolito se esquirle, mucho a causa del
cambio abrupto, aunque debido un poco también a que -como le dice el padre de
Walter a Jettel antes de partir: “En el matrimonio a veces uno ama más que el
otro, y ese otro siempre será más vulnerable. Mi hijo te ama mucho”. La
frivolidad de Jettel, su debilidad y pragmatismo eventuales marcarán grietas en
la piel de una unión que Walter, defectos personales a un lado, hará lo
imposible por preservar.
