Al
minuto 95 de Niebla en Agosto el
relato introduce una situación de sesgo carnavalesco, en el sentido bajtiniano
del término, cuando, comandados por el niño Ernst Lossa, los internos de la clínica
nazi de exterminio progresivo para discapacitados y enfermos hereditarios
alemanes donde se focaliza el relato comienzan una peculiar huelga de hambre en
la cual lanzan platos al aire y pescado al techo. Constituye, también, una
amarga parábola visual de cuanto nunca hizo el pueblo germano en los tiempos de
Hitler: rebelarse contra su verdugo, cuyo gobierno no solo destruía naciones
extranjeras e incineraba a judíos, sino que además arremetía contra los propios
nacionales aquejados de alguna tara o defecto físico.
