Sí, de
acuerdo, el humorista mexicano Eugenio Derbez suelta sus dos o tres chistes
graciosos como maestro de ceremonias en los Latin Grammy y determinado segmento
de su andadura televisiva no resulta del todo descartable; pero va una
distancia intransitable de ahí a dirigir una película completa, con el
protagónico reservado y una historia telenovelera y melodramática a rabiar, que
desoye los derechos de autor en cada fotograma porque todo es la copia de la
copia de la copia. O sea, el cadáver exquisito en estado de putrefacción por
excelencia.
