La
visión de Milos Forman de la sociedad norteamericana nunca fue contemplativa,
pero tampoco realmente pugnante. Con Hair
(1979), el director de origen checo llevó a imágenes el desconsuelo juvenil de
la era Viet Nam y el movimiento hippie; si bien, de forma más o menos velada a
la larga propinaba un espaldarazo a la “libertad” de las drogas y a otros
fenómenos del espectro social de los Estados Unidos, su patria adoptiva.
