Como
sabemos, atravesamos una era de precuelas, secuelas y postsecuelas mantenedoras
en permanente Síndrome de Estocolmo al receptor mundial, gustoso cautivo
condicionado por la obnubilante promoción/distribución de este tipo de
productos. Dependientes tales piezas de la fanfarria
atonal, la fabricación en serie catalista y la grandilocuencia mastodóntica,
cuyaspremisas responden al imperio
dentro de la industria del high concept,
el cálculo frío, la superproducción hipertrofiada, la puesta en formol eterno
de cualquier resorte de rentabilidad.