Más que por haberse
convertido en fenómeno taquillero del cine coreano (entre las pantallas más
importantes del planeta ahora mismo), con cerca de quince millones de entradas
vendidas; por arrasar en la entrega de los Premios al Cine de Corea de Sur
durante 2006; o haber sido bautizada por un crítico de la tan leída como
respetada por muchos entre quienes no me incluyo Variety como «la mejor película de monstruos de la historia» —aseveración
pantagruélica que no tiene caso discutir por su absolutismo—, El huésped deviene ingente esfuerzo del
realizador Bong Joon-ho por recuperar el hálito de la serie B del cine de
terror y ciencia ficción de los años 50 y su poderosa carga de alegorías
políticas.
