
Sumida
en la ausencia de certezas de quien no puede adivinar su mañana, la especie
humana tiene en la alternativa de la conjetura factor de equilibrio emocional
que le permite aplacar la ansiedad generada por lo insondable de su sino. De
siempre sometida a tensiones -personales, familiares, sociales…-, no obstante,
las circunstancias del contexto donde transcurren las vidas de las personas inciden
de manera remarcada en apaciguar fantasmas, miedos y demonios ínsitos de la
raza. No va a ser nunca semejante el encefalograma de conciencia de un
habitante de Mogadiscio que el de otro de Zurich. Empero, llegado el actual
momento de la humanidad, cuando los ya de por sí reducidos oasis del bienestar
inexorablemente se desertifican, muchos pensadores occidentales, y también de
nuestro Sur, trazan sus interpretaciones del naufragio mediante ensayos,
novelas, sinfonías, escenificaciones, obras de arte o piezas audiovisuales
erigidas en exégesis posibles de la desorientación general, las cuales resultan
de necesaria incorporación a nuestro acerbo en pos de asistir al discurso
explicativo intelectual de la agonía.