Pese a la discreta visualidad cinematográfica, tendente a
acomodar la pieza dentro de un formato telefílmico -en tanto resultado de las
opciones de rodaje impuestas, el escaso presupuesto manejado para el diseño de
producción y el impróvido registro naciente del empalme entre modelos de
fotografía y montaje sujetos a la plena ortodoxia, más allá del oficio del
primer departamento- La Emboscada
(Alejandro Gil, 2014) plantea dispositivo narrativo con ciertas cuotas de
atracción e interés.
