Resulta
cada día más difícil en el mundo occidental realizar
un periodismo y un ejercicio de la crítica serios y de sello independiente,
porque los medios son controlados por emporios comerciales a los que, salvo
excepciones en extremo contadas, en realidad no les interesa esa función, sino
seguir sumando capital mediante la conversión de las plataformas que compran en
cabeceras destinadas, bajo su égida, al entretenimiento más ramplón y la
publicidad.
