Desde la II Guerra Mundial, el norteamericano, el más ideologizado de todos los cines, ubica su brújula no tanto en función de los tiempos como de los intereses políticos del poder en cada etapa histórica. Y, al menos en el discurso, no son ahora los momentos de blandir la retórica barbárica de Donald Trump respecto al tema de la inmigración. Aunque en la práctica el tándem Joe-Kamala poco haya hecho por siquiera paliar el fenómeno, ni el uno ni la otra califican de asesinos o salvajes a esos mexicanos a quienes les usurparon el 40 por ciento de su territorio y de los cuales en la práctica dependen hoy día sectores de la nación norteña como la agricultura o la construcción.
