Con
la salvedad de la sobrevalorada El ala
oeste de la Casa Blanca (NBC, Aaron Sorkin, 1999-2006) y la muy superior Boss (Starz, Farhad Safina, 2010-2012),
la política como tema puro representa uno de los motivos argumentales menos
husmeados por la teleficción dramática estadounidense del siglo XXI, a partir
de una asunción dentro del género dramático hablamos y no en la variante
humorística transitada por esa comedia de altura de HBO que es Veep o en la tesitura para la
entretención sin pensamiento de naderías tipo Scandal, Agente X o Madame Secretary. Ausente en el espacio
catódico local una presencia de peso en tal sentido, a la manera de la danesa Borgen en el contexto europeo, resulta
bienvenida una serie de fuste, rica, enérgica y sin pelos en la lengua como House of Cards (Netflix, 2013, la
primera temporada-la cuarta se estrenó el pasado 4 de marzo), la cual la televisión
cubana tuvo el acierto de estrenar en horario de máxima audiencia a través de
Multivisión.
