Dice
el director norteamericano Quentin Tarantino que él vive en dos mundos: el del
cine y el de la realidad. En cambio, el gobierno de los Estados Unidos solo
vive en el mundo del cine; específicamente en el del oeste, cuya decalogía
validaba que naciones originarias de nativos americanos fuesen conquistadas a
base del exterminio, defendía la ley del más fuerte y certificaba que sus
personajes en posición de poder pusieran precio a la cabeza de otros seres
humanos.
