Desde
que el entonces muy joven realizador Steven Soderbergh (Atlanta, 1963), se
lanzara en paracaídas sobre la alfombra roja de Cannes en 1989, cuando ganó la
Palma de Oro con la inquietante producción independiente Sexo, mentiras
y cintas de video, su filmografía ha estado marcada por la alternancia de
obras personales, de sesgo autoral y resultados artísticos divergentes, e
insertadas dentro o fuera del corazón de la industria (Traffic, Full
Frontal, Out of Sight, Solaris) con un cine comercial
provisto de regular o peor factura (la trilogía Ocean’s y Erin
Brockovich ilustran cada caso).
