Existen los grandes embaucadores, esos encantadores de serpientes que obnubilan los sentidos y provocan la aquiescencia acrítica de sus receptores, porque, por arriba de las épocas, niveles de vida e incluso coeficientes intelectuales, existe una tendencia natural en muchos seres humanos a dejarse llevar por esas fuerzas arrolladoras que les hacen bajar sus niveles de percepción y les domeñan su capacidad racional y volitiva, puesta tal al arbitrio de francos timadores con disfraz de iluminados.
