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viernes, 30 de mayo de 2014

Dos madres perfectas y una actriz divina: Robin Wright


Esta vez el viejo De Broca, un señor que siempre supo acompañar a sus protagonistas masculinos de beldades del sexo opuesto (recuerden al feo Belmondo con el monstruo Cardinale, en Cartouche), ha traído para prendar nuestra retina y perdonar cualquier imperfección de la película a Marie Gillain, una joven actriz dotada en buena ley de todas las herramientas de la profesión, que para fortuna suya posee el aura de las bellezas clásicas, junto a un candor extrañamente salpicado de ese desborde de gracia que hizo estallar las capacidades sensoriales de todo el espectador perteneciente al sexo del que escribe que asistió a la exhibición de la película.  Ella da vida a la señorita de Nevers, a quien Lagardere cuida  desde bebita y después hace su esposa, lo que comprendemos dentro de la tradición histórico-literaria, pero que bien pudieron ahorrarse en su libre adaptación De Broca y los guionistas Jean Cosmos y Jeróme Tonnerre, pues terminamos su deliciosa película con un sabor a incesto en la boca que no quisiéramos”. Mediante tales palabras este crítico finalizaba, hace dieciséis años, su reseña de Enrique de Lagardere (Philippe de Broca, 1997).

sábado, 28 de diciembre de 2013

Sexo (semi) incestuoso en el penthouse del hedonismo


Esta vez el viejo De Broca, un señor que siempre supo acompañar a sus protagonistas masculinos de beldades del sexo opuesto (recuerden al feo Belmondo con el monstruo Cardinale, en Cartouche), ha traído para prendar nuestra retina y perdonar cualquier imperfección de la película a Marie Gillain, una joven actriz dotada en buena ley de todas las herramientas de la profesión, que para fortuna suya posee el aura de las bellezas clásicas, junto a un candor extrañamente salpicado de ese desborde de gracia que hizo estallar las capacidades sensoriales de todo el espectador perteneciente al sexo del que escribe que asistió a la exhibición de la película.  Ella da vida a la señorita de Nevers, a quien Lagardere cuida  desde bebita y después hace su esposa, lo que comprendemos dentro de la tradición histórico-literaria, pero que bien pudieron ahorrarse en su libre adaptación De Broca y los guionistas Jean Cosmos y Jeróme Tonnerre, pues terminamos su deliciosa película con un sabor a incesto en la boca que no quisiéramos”. Mediante tales palabras este crítico finalizaba, hace dieciséis años, su reseña de Enrique de Lagardere (Philippe de Broca, 1997).
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