Resulta Steven Soderbergh
uno de los dos o tres realizadores estadounidenses de mediana edad ante los
cuales uno se quita automáticamente el sombrero. Este hombre posee la
elasticidad del Hombre Araña para saltar de un género/soporte/formato/objetivo
temático a otro, para brincar del mainstream al cine independiente con la mayor
tranquilidad del mundo. Casi tan prolífico como Allen (23 películas en 24 años
activo) y más impredecible que Kubrick, Winterbottom u OzoN, nunca sabes con lo
que se va a descolgar. Eso, al menos a cierto tipo de espectador, siempre
subyuga.
