No es la dama de Hitchcock de 1938, sino un felino casero lo desaparecido por el argentino Carlos Sorín en el que constituye el exponente cinematográfico de su filmografía que, al menos quien escribe, no esperaba proviniese algún día del realizador de La película del rey, Historias mínimas, Bombón el perro, El camino de San Diego y La ventana.
El gran Sorín de los relatos de filigranas, juanes sin tierra entrañables del vientre de la Patagonia, actores no profesionales, canes, ancianos, ultrafánaticos maradonianos quienes viajan cientos de kilómetros con un pedazo de árbol que les recuerda al astro futbolístico, en fin ese Sorín catedrático de la “invisibilidad” se nos descuelga ahora con un ejercicio fílmico de género, en escenarios burgueses.
