Un crítico europeo arrancaba
así su apreciación de Una historia de violencia (History of Violence, 2005):
“El film de (David) Cronenberg, quizás su mejor obra hasta ahora, me ha
recordado mucho a Camino a la perdición de Sam Mendes. Preside ambos films un
idéntico clima de fatalismo violento que pesa penosamente sobre los
protagonistas: la casi imposibilidad de escapar del propio pasado. Tom Stall,
un hombre tranquilo de mediana edad, vive en Millbrook, un pueblecito de
Indiana, con su mujer y dos hijos, uno, adolescente, la otra, una niña todavía
pequeña. Es el dueño de esas típicas cafeterías americanas en que se sirve
comida rápida elaborada en el mismo establecimiento. Una noche se presentan en
el local, a la hora del cierre, una pareja de atracadores itinerantes con
numerosas muertes a sus espaldas. Y Tom, en un momento dado, no tiene más
remedio que matarlos para evitar que acaben con él, sus dos empleados y unos
clientes. Su repentina y efímera fama como héroe americano le trae como secuela
una terrible tempestad: en la localidad aparecen tres peligrosos gángsteres,
empeñados en afirmar que Tom no es otro que Joey Cusack, un peligroso sicario,
desaparecido hace años, hermano de un conocido "boss" y con un montón
de cuentas pendientes, entre ellas la que los tres mafiosos pretenden saldar.
Tom y su familia no salen de su asombro, aunque quizás no todos estén tan
seguros de que nada tiene que ocultar. Poco a poco las sospechas se abren
paso…”.
