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domingo, 14 de enero de 2018

A la liberación por el hippismo



Las relaciones paternofiliales, ítem dilecto de la creación audiovisual, dentro del cine norteamericano han observado en ese territorio temático de la familia pobre que viaja a la buena de Dios, los tiempos y la aventura, un cauce próvido para a la larga establecer ajustes de cuentas intergeneracionales de vástagos -afincados en el presente a los pendones del status quo y el stablishment - con progenitores “descarriados”, soñadores, utópicos en su pasado. Padres estos representantes, según la mirada de esos hijos subsumidos por el sistema que antagonizaban aquellos, de un orden de cosas y decálogos de valores, sino hueros o fútiles, cuando menos naives o hasta pueriles, desde el prisma de los descendientes. O sea, descalificación por condescendencia, pura lástima o “superación práctica”.

sábado, 21 de junio de 2014

Un oeste de matriz clásica


Sin que por lo general los obituarios resalten sus ofídicas mutaciones hacia los universos del cine de acción, terror o ciencia-ficción -éstas de hecho le posibilitan casi la vida eterna-, desde que el western entrara en su fase crepuscular, cíclicamente son dictados partes de muerte a los cuales siempre una o dos películas por década, de esas “genéricamente puras”, ponen en tela de juicio. Danza con lobos, de Kevin Costner;  y Los imperdonables, de Clint Eastwood,  impugnaron, con honor, tal sentencia luctuosa en los 90. No apareció nada decoroso comenzado el siglo XXI, hasta que de nuevo Costner presentara una digna muestra de la pantalla del oeste mediante A campo abierto (Open range, 2002), a las que se agregarían para 2007 la irregular El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, y ese vívido, riquísimo remake de El tren de las 3 y 10 a Yuma.

sábado, 7 de junio de 2014

Cronenberg maquina una historia de violencia

Un crítico europeo arrancaba así su apreciación de Una historia de violencia (History of Violence, 2005): “El film de (David) Cronenberg, quizás su mejor obra hasta ahora, me ha recordado mucho a Camino a la perdición de Sam Mendes. Preside ambos films un idéntico clima de fatalismo violento que pesa penosamente sobre los protagonistas: la casi imposibilidad de escapar del propio pasado. Tom Stall, un hombre tranquilo de mediana edad, vive en Millbrook, un pueblecito de Indiana, con su mujer y dos hijos, uno, adolescente, la otra, una niña todavía pequeña. Es el dueño de esas típicas cafeterías americanas en que se sirve comida rápida elaborada en el mismo establecimiento. Una noche se presentan en el local, a la hora del cierre, una pareja de atracadores itinerantes con numerosas muertes a sus espaldas. Y Tom, en un momento dado, no tiene más remedio que matarlos para evitar que acaben con él, sus dos empleados y unos clientes. Su repentina y efímera fama como héroe americano le trae como secuela una terrible tempestad: en la localidad aparecen tres peligrosos gángsteres, empeñados en afirmar que Tom no es otro que Joey Cusack, un peligroso sicario, desaparecido hace años, hermano de un conocido "boss" y con un montón de cuentas pendientes, entre ellas la que los tres mafiosos pretenden saldar. Tom y su familia no salen de su asombro, aunque quizás no todos estén tan seguros de que nada tiene que ocultar. Poco a poco las sospechas se abren paso…”.
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