En la era Obama luce bien la
condescendencia étnica en esa meca del racismo que es Hollywood. Lo mismo se
nos aparece un superhéroe negro de modales heterodoxos como Hancock, que una
princesa afroamericana empeñada en dormir el american dream en el largometraje
de animación Tiana y el sapo. Acercarse a Nelson Mandela no desentona en tal
órbita, falaz y coyuntural, de atracciones.
