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lunes, 14 de septiembre de 2015

Interestelar



Calificada injustamente por algunos críticos de “inextricable”, “grandilocuente”, “pomposa”, “hermética”, Interestelar (Christopher Nolan, 2014) no es nada de eso. Se trata de la obra más impresionante y de mayor calado artístico emergida dentro del género de la ciencia-ficción desde los ya lejanísimos tiempos de 2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1969), la cual queda reverenciada aquí.

lunes, 26 de mayo de 2014

Ángeles y demonios del cine de terror contemporáneo


Expresión replicante -aunque no más a medias y sometida a luenga proclividad exegética-, de una época signada por la atracción hacia el exceso en sus implicaciones artísticas, políticas, bélicas, criminales, mediáticas, publicitarias, patológicas, consumistas, antiecológicas…; por el lipovetskyano “triunfo de las pantallas en la sociedad hipermoderna”; la apocrificidad de las llamadas filosofías posideológicas; el infinito trotar de caballos apocalípticos; nuevos juicios finales y premoniciones de oscuros paisajes urbanos harto semejantes a los configurados en las epopeyas distópicas más espeluznantes del fantastique, la narrativa fílmica contemporánea de terror no ha sabido aprovechar del todo tan inédito abono dramático. Y cuando lo ha hecho solo ha sido, salvo excepciones, para tomar nota -no desde un posicionamiento hermeneútico, o siquiera una postura discursivo-moral, sino desde una mera óptica oportunista de tufo conservador de despacho hollywoodino- de los contornos escarlata triste donde se enmarca el escenario actual de violencia extrema, mafias, disturbios sociales, inseguridad, crimen creciente, laceraciones a las personas, sangre…  Más decantado hacia el reciclaje, el patchwork, el pastiche de temas, asuntos, conceptos, el terror posmoderno, por arriba de las consustanciales reubicaciones epocales, no acusa rupturas frontales con la tradición, al fundir su argamasa morfológica con los  modelos cardinales de representación o los tropos del género. Pero las nuevas películas regurgitan harto mal a sus precedentes tanto en su ausencia de ambiciones, el nihilista radio de antena de sus preocupaciones o la atroz falta de ideas, como en sus acumulaciones indiscriminadas de referencias, su no dosificación de los golpes de efecto, estética ultravideoclipesca, fárrago de planos cortos en espacio y duración, abuso del código del ralenti, angulaciones extremas, tomas de  picados y cenitales en clonación ad infinitum, pirotecnia de videojuego, transiciones altisonantes, soundtracks presagiantes, flash backs confusos de textura granulada -siempre a caballo entre lo granuloso y el efecto voluta de humo atisbado en esas usuales imágenes de video con el objeto de manifestar amenazas desde una perspectiva difusa-, y ausencia casi total de caracterización de los personajes (las verdaderas estrellas de los filmes son las torturas, trepanaciones, desmembraciones).
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