Si no
una decepción total, sí he sufrido cuando menos una de las frustrantes
desazones recientes de mi constante visionaje de series mediante Billions (Showtime, 2016). Prendado en
sus inicios por su densidad narratológica, la orbicular configuración de
personajes cuya taxonomía habla de los infinitos mecanismos psicoemotivos de la
especie, el tono, el ritmo y los subtextos, creí estar viendo una conciliación
televisiva del cine setentero más "macho" con el espíritu de quebranto moral desprendido de
películas como El lobo de Wall Street
o Los hombres de la compañía. Por añadidura,
bien narrada, mejor actuada.
