Si no
una decepción total, sí he sufrido cuando menos una de las frustrantes
desazones recientes de mi constante visionaje de series mediante Billions (Showtime, 2016). Prendado en
sus inicios por su densidad narratológica, la orbicular configuración de
personajes cuya taxonomía habla de los infinitos mecanismos psicoemotivos de la
especie, el tono, el ritmo y los subtextos, creí estar viendo una conciliación
televisiva del cine setentero más "macho" con el espíritu de quebranto moral desprendido de
películas como El lobo de Wall Street
o Los hombres de la compañía. Por añadidura,
bien narrada, mejor actuada.
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martes, 3 de mayo de 2016
jueves, 26 de junio de 2014
La invención de Hugo 3D, en la sala Patria
Al olor de sus ´70, Martin
Scorsese, último maestro vivo de la pantalla norteamericana, rubricó en La
invención de Hugo (Hugo, 2011) el filme más nostálgico, autobiográfico,
familiar, irrigado por la fantasía y reafirmante tanto de su inmenso amor hacia
el cine como de sus notables conocimientos históricos en torno a dicho arte. El
único rodado por él hasta el momento en 3 D. Con verdadero sentido en su caso,
no por mera moda, sino en función de expandir la profundidad de campo; conferir
plasticidad a geniales travellings
aquí articulados o a determinadas tomas aéreas.
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La invención de Hugo (3D), en la sala Patria del 3 al 9 de julio
Al olor de sus ´70, Martin
Scorsese, último maestro vivo de la pantalla norteamericana, rubricó en La
invención de Hugo (Hugo, 2011) el filme más nostálgico, autobiográfico,
familiar, irrigado por la fantasía y reafirmante tanto de su inmenso amor hacia
el cine como de sus notables conocimientos históricos en torno a dicho arte. El
único rodado por él hasta el momento en 3 D. Con verdadero sentido en su caso,
no por mera moda, sino en función de expandir la profundidad de campo; conferir
plasticidad a geniales travellings
aquí articulados o a determinadas tomas aéreas.
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domingo, 11 de mayo de 2014
El lobo de Wall Street: un sistema enfermo de sí mismo
El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, funciona de dos
maneras: primero, en cuanto puesta al día, cronológica y metodológica, no tanto
de los destinos de un personaje imperdible del cine norteamericano como fue
aquel tiburón bursátil llamado Gordon Gekko, de Wall Street, la película
estrenada en 1986 por Oliver Stone, como de la continuidad de su presencia cual
material dramático derivado de la mera realidad social. Ahora, por supuesto,
Gekko ya viene transubstanciado en otro tahúr financiero. Diferentes nombres,
ligeros cambios epocales o formas técnicas de desfalcar; pero, en el fondo, el
mismo contexto, similar intención de acumular millones sobre la base de la
sustracción ilegítima y la mentira. Segundo: a la manera, muy en consecuencia
con la trayectoria del realizador de Uno de los nuestros (1990) o Casino
(1995), de otro notable fresco sobre esos -para sí dilectos- universos de la
corrupción, la degradación moral, la ambición y codicia desmedidas; peculiares
deontologías donde la básica y (amoral) regla de sus protagonistas pasa por
adquirir poder, cueste cuanto cueste pintar el color del dinero.
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martes, 1 de abril de 2014
Blue Jasmine, un placer cinematográfico
Luego de sus masturbaciones europeas (esos petarditos risueños nombrados
Vicky Cristina Barcelona, de 2008; y A Roma con amor, de 2012), Woody Allen
retorna a su pecera en Blue Jasmine (2013). Una película que, a su modo y bien,
se integra a la escasa narrativa audiovisual de ficción estadounidense
interesada en atestiguar la “caída de los dioses” (o sea, esos señores clase
corporativa de la era Madoff quienes, a mera especulación, malversaron
centenares de millones del erario público), cuya cima expresiva ha sido, en
Cine, El lobo de Wall Street, del
maestro Martin Scorsese, cruentamente ninguneada en los Oscar del año.
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