Luego de sus masturbaciones europeas (esos petarditos risueños nombrados
Vicky Cristina Barcelona, de 2008; y A Roma con amor, de 2012), Woody Allen
retorna a su pecera en Blue Jasmine (2013). Una película que, a su modo y bien,
se integra a la escasa narrativa audiovisual de ficción estadounidense
interesada en atestiguar la “caída de los dioses” (o sea, esos señores clase
corporativa de la era Madoff quienes, a mera especulación, malversaron
centenares de millones del erario público), cuya cima expresiva ha sido, en
Cine, El lobo de Wall Street, del
maestro Martin Scorsese, cruentamente ninguneada en los Oscar del año.
