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miércoles, 3 de junio de 2015

Vidas al límite: Scorsese a ritmo de ambulancia



Justo un cuarto de siglo después de Taxi Driver, Martin Scorsese y Paul Schrader profirieron, Vidas al límite mediante, otra admonición a las heces deyectadas por un orden social en uno de sus blasones de poder -la ciudad-, tras el parapeto ocular de un nuevo vigía nocturno.  Él, a diferencia del Travis Brickle de aquella película de los setenta, monta en ambulancia y no es asediado por intereses criminales, sino por otras obsesiones psíquicas, aunque también relacionadas con la muerte. Ambas obras son dos intensos, crudos viajes interiores a las alucinaciones de la mente de un hombre, a la sordidez de un marco espacial en las scorsesianas malas calles de la noche neoyorkina devorada por la triste suerte de ser madre y asesina de su fauna.

sábado, 23 de agosto de 2014

Un profeta


En la demografía psicológica de todas las celdas del cine carcelario cohabitan las figuras del dolor, el miedo y el ojo avizor ante un qué vendrá inminente. El golpe puede llegar en cualquier instante, hasta que el reo alcanza cierto status de seguridad.

jueves, 26 de junio de 2014

La invención de Hugo (3D), en la sala Patria del 3 al 9 de julio


Al olor de sus ´70, Martin Scorsese, último maestro vivo de la pantalla norteamericana, rubricó en La invención de Hugo (Hugo, 2011) el filme más nostálgico, autobiográfico, familiar, irrigado por la fantasía y reafirmante tanto de su inmenso amor hacia el cine como de sus notables conocimientos históricos en torno a dicho arte. El único rodado por él hasta el momento en 3 D. Con verdadero sentido en su caso, no por mera moda, sino en función de expandir la profundidad de campo; conferir plasticidad a geniales travellings aquí articulados o a determinadas tomas aéreas.

domingo, 11 de mayo de 2014

El lobo de Wall Street: un sistema enfermo de sí mismo


El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, funciona de dos maneras: primero, en cuanto puesta al día, cronológica y metodológica, no tanto de los destinos de un personaje imperdible del cine norteamericano como fue aquel tiburón bursátil llamado Gordon Gekko, de Wall Street, la película estrenada en 1986 por Oliver Stone, como de la continuidad de su presencia cual material dramático derivado de la mera realidad social. Ahora, por supuesto, Gekko ya viene transubstanciado en otro tahúr financiero. Diferentes nombres, ligeros cambios epocales o formas técnicas de desfalcar; pero, en el fondo, el mismo contexto, similar intención de acumular millones sobre la base de la sustracción ilegítima y la mentira. Segundo: a la manera, muy en consecuencia con la trayectoria del realizador de Uno de los nuestros (1990) o Casino (1995), de otro notable fresco sobre esos -para sí dilectos- universos de la corrupción, la degradación moral, la ambición y codicia desmedidas; peculiares deontologías donde la básica y (amoral) regla de sus protagonistas pasa por adquirir poder, cueste cuanto cueste pintar el color del dinero.

lunes, 24 de marzo de 2014

Una familia peligrosa (Malavita): a los leones


Robert De Niro constituía, hasta hace menos de un cuarto de siglo, uno de los santos patrones del altar interpretativo en el universo audiovisual anglosajón. Eran entonces sus tiempos gloriosos con Martín Scorsese y la salida al ruedo de una serie de caracterizaciones tan inmarchitables como las películas que arropaban a aquellos personajes fabulosos. Justamente, uno de esas magnas tipologías fílmicas resultó la compuesta por el actor, a las órdenes del referido realizador, en Uno de los nuestros, excepcional exponente del cine gangsteril aparecido en 1990.
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