Soy sincero, por arriba de todo. Contra lo
aconsejado por la primera regla del manual no escrito de un crítico, visioné Cuando la verdad despierta
(Italia-Cuba-España, 2006) con el estorbador prejuicio de saber que su
director, el italiano Angelo Rizzo, era el victimario de una de las cintas con
intervención cubana más inimaginablemente malas del siglo XXI: ese churro innombrable
de 2004 titulado El loco soñador.
