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viernes, 19 de septiembre de 2014

Sonatine, de Takeshi Kitano


En La filosofía en la época trágica de los griegos, Fiedrich Nietzsche alumbra una verdad, refrendable incluso como axiomática por el mundo del arte, al apuntar que “quien se complace en los grandes hombres ama sus sistemas filosóficos, aunque sean absolutamente equivocados, porque estos tienen un punto irrefutable, una entonación personal, un color personal…” El nipón Takeshi Kitano, para algunos críticos uno de los mayores talentos aparecidos en el planeta durante los ´90 (si bien este cronista prefiere resguardarse de absolutizaciones parecidas, aun cuando lo considerara y todo un realizador extractase en su momento) entrega en su obra como comprobante de recibo un sistema filosófico -en cuanto a la puesta en pantalla del cine de acción- dotado de punto, entonación y color totalmente personales por varios elementos verificables, sobre todo, en su parcela fílmica dedicada a la yakuza o mafia japonesa, donde halla su espacio Sonatine. El primero de ellos, la utilización de la violencia, harto bien graficable en el filme. Kitano es solo Kitano; por ende los códigos que maneja no son articulados sobre la base de influencias, y su violencia nada tiene que ver con la del universo Tarantino (el planeta y sus múltiples satélites) o John Woo, como tampoco con la de Tsui Hark, Ronnie Yu o Park Chan-wook, ni incluso con la del también nipón Kinji Fukasaku (director del filme Simpatía por los perdedores, del cual por cierto recibe algunos ecos en lo argumental Sonatine en su recreación de esta historia sobre mafiosos venidos a menos en Okinawa), en tanto prescinde de efectismos y sugiere una línea visual muy austera, de economía de encuadres, de planos fijos hasta en instantes de acción pura.

viernes, 10 de enero de 2014

Gangster sin nombre de verdad no tiene nombre


Como antes hemos comentado en La viña de los Lumière, el surcoreano constituye uno de los cines más pujantes del mundo durante el siglo actual. Ahora bien, ni todos sus exponentes resultan meritorios, ni ha devenido del todo correcta en cuanto a selección jerárquica, como tampoco sistemática, su exhibición en Cuba.
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