sábado, 6 de julio de 2013

Nada que hacer: amores de desempleados


La gran diferencia entre el cine americano y el europeo estriba en que en el primero el torrente sanguíneo dramático lo constituye la energía física dominante en los hechos narrados; y en el segundo, el elemento basal lo representa la observación del individuo, la energía se traslada por canales internos provenientes de sí, y el tempo, por consiguiente, tiende a ser más parsimonioso,  dilatado, exhaustivo, como corresponde hacerlo a las escrutaciones caracterológicas, que eso son muchas de las películas de este continente.

domingo, 30 de junio de 2013

Enemigos públicos, el buen cine de Michael Mann en la industria


Ninguneada en los desastrosos Oscar de su año -salvo algunas categorías el veredicto general fue de escándalo, pese al silencio de la fábrica mundial mediática de mentiras y el santiguo tercermundista-, Enemigos públicos (Public Enemies, 2009), reexhibida ahora en Cuba, viene a ser la enésima prueba confirmatoria del calibre narrativo de un director como Michael Mann.
Si dejamos a Scorsese tranquilo en su altar de genio viviente de la pantalla norteamericana, no existe un director allí -Spielberg, Eastwood o Soderbergh, como Martin, se mueven en otras direcciones, confeccionan otro tipo de cine- que, dentro de la industria, cuente, encadene, secuencie, dinamice la acción interna del fotograma e ilumine la pantalla con trazos de maestría semejantes: en última instancia concentradores de toda una riquísima herencia cinematográfica nacional, filtrada por el autor de Heat y Alí mediante un dispositivo abrevador aquí del summun del género gangsteril -de Scarface a Uno de los nuestros- cuya legendaria estela honra a través de un abordaje proclive no ya a reciclarlo o remedarlo, sino a reiventarlo sobre la rueda de la reescritura de mitología y señas identitarias.
Muy superior a la adaptación de Max Nosseck (1945) e incluso a la más conocida elaborada por John Millius (1973) acerca de la vida del gangster John Dillinger, Enemigos públicos -inspirada de forma parcial en el libro del periodista de Vanity Fair, Brian Burrough, Public Enemies: America´s Greatest Crime Wave and the Birth of The FBI, 1933-1934-, reobserva el mito del singular personaje del Chicago de los años ´30, al desmontaje de una visión convergentemente clásica y muy actual, lejana de la típica idealización del mafioso para aproximarse más a la épica de un operístico western urbano crepuscular sobre la sobrevida de un outsider, del outlaw sabedor de su destino trágico y  devorado por el mismo sistema que lo genera, alimenta y romantiza solo hasta el grado de comenzar a reconocerlo como la antinomia modélica de su hipócrita tabla de valores. La cual, por otro lado, no prescinde de asociaciones e interrelaciones entre la Crisis del ´29 y la debacle bancaria actual (cuanto fue del Martes al Viernes negro, de la Gran Depresión a los tiempos de Madoff), amén de subtextos a apreciar tanto en torno a la consolidación histórica de los aparatos de represión interna y vigilancia ciudadana como a la relación hecho criminal/medios/espectáculo dentro de los Estados Unidos.

martes, 25 de junio de 2013

El camino de San Diego, según San Sorín


Acostumbrado como está el espectador a la ortodoxia de la narrativa hegemónica, quizá al hacerle frente a una película semejante a El camino de San Diego (Carlos Sorín, 2006)  pueda sentirse algo distante ante un concepto de la puesta en escena que casi reniega de ella.
Aunque, si está conectado con el cine del director de Historias mínimas y Bombón el perro, comprenderá que este camino autoral devino, por convicción, pauta morfológica primaria de las obras de un hombre mucho menos interesado en “narrar” en la línea aristotélica que en configurar climas, constatar la imbricación ontológica del individuo a su realidad telúrica, pulsar el mapa emotivo de personajes (quienes a la larga no suelen ser más bien tales, según el entendido del guión tradicional, sino no-actores representados a sí mismos) desde el ecuador de una sensibilidad entrevista sobre la base de su contribución a elevarlos en tanto seres humanos.

lunes, 24 de junio de 2013

Los hombres de la compañía: el pinchazo a la burbuja americana


“La política es la sombra que la gran empresa proyecta sobre la sociedad” confirmó con razón ese relevante filósofo social estadounidense llamado John Dewey. La gran empresa empantanó a la economía norteamericana en 2008 y la política del gobierno y de las corporaciones que lo dirigen consistió en echar a la calle a decenas de miles de trabajadores, con el consiguiente incremento exponencial del grado de pesimismo en gran parte de dicha sociedad. Crack solo comparable al de 1929, este trajo consigo el conocido cuadro oneroso de los bancos hundidos y luego salvados por San Obama, hipotecas subprime, casas abandonadas, ciudades fantasmas, centros comerciales clausurados…
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