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lunes, 18 de junio de 2018

El amor en los tiempos de los perfiles digitales



Pierre Richard, uno de los cómicos galos  más recordados en Cuba durante las décadas de los ´70 del pasado siglo gracias a títulos como El rubio alto del zapato negro (1973) y Se me subió la mostaza (1974), con 83 años de edad ahora, retorna al género que le regaló más crédito, mediante En lugar del señor Stein (Stéphane Robelin, 2017), la cual él mismo presentó recientemente en el Festival de Cine Francés efectuado en nuestro país.

lunes, 28 de mayo de 2018

Sobrevalorada comedia francesa


En La fiesta de la vida (2017) estamos frente a un taquillero largometraje, firmado al alimón por Olivier Nakache y Éric Toledano, uno de los duetos creativos -sin llegar nunca a la categoría de autorales- más populares de la pantalla francesa desde que en 2011 rubricasen ese suceso comercial endógeno y mundial titulado Intocable.

sábado, 6 de julio de 2013

Nada que hacer: amores de desempleados


La gran diferencia entre el cine americano y el europeo estriba en que en el primero el torrente sanguíneo dramático lo constituye la energía física dominante en los hechos narrados; y en el segundo, el elemento basal lo representa la observación del individuo, la energía se traslada por canales internos provenientes de sí, y el tempo, por consiguiente, tiende a ser más parsimonioso,  dilatado, exhaustivo, como corresponde hacerlo a las escrutaciones caracterológicas, que eso son muchas de las películas de este continente.

miércoles, 12 de junio de 2013

Declaración de guerra, a la derrota y a la enfermedad

Sin reparos en asegurarlo, el Festival de Cine Francés en Cuba menos convincente y más laxo de los últimos años tiene en Declaración de guerra (2011) uno de sus escasos títulos a evocar. Drama tragicómico de autoficción sobre dos padres, un niño pequeño y el águila del cáncer lista a picotearles el soporte de su existencia, el largometraje de Valérie Donzelli -según la peripecia existencial sucedida a esta directora/guionista e intérprete del filme junto a su ex esposo, Jèrémy Elkaïn, coescritor y actor también- sortea los riscos de los conductos lacrimales (ni imaginemos esta historia en manos de norteamericanos, o peor, blanco de cualquier culebrón latinoamericano) solo gracias al comedimiento, la sapiencia y el tacto de la escuela francesa.
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