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domingo, 9 de octubre de 2022

Nuevo exponente de acción de los hermanos Russo

Hija menor de la saga de acción del siglo XXI, El agente invisible (The Gray Man, 2022), película más cara de la historia de Netflix hasta el momento, fue estrenada en Cuba recientemente.

 

El emporio audiovisual estadounidense, pese a los más de 200 millones de dólares invertidos en esta superproducción de acción y espionaje, tira demasiado del algoritmo probado y sobado de casa para armar una película que es la suma de muchas películas, el recetario consensuado de cómo debe operar este tipo de cine de acuerdo con lo esperado por el público o el dictum de la industria, que no es lo mismo pero es igual.

 

El largometraje sabe a fórmula y a artificio pirotécnico inflado de principio a fin, a excepción de dos set-pieces que propenden a redimirlo, algo. Sobre todo la segunda. La primera de estas tiene lugar en el avión donde el agente Sierra 6 (Ryan  Gosling) debe emprender una cruenta batalla por su vida en los cielos.

La segunda vale por la película toda y transcurre, a plena luz del día, en las calles de Praga. Los cuarenta millones invertidos en tales secuencias en la capital checa no resultan desmedidos, porque el carnaval cinemático expresado ahora da cuenta, o mejor corrobora,el extraordinario talento y la capacidad de los hermanos Joey Anthony Russo (viejos conocidos del universo Marvel, con varios títulos de primera línea comercial a su haber como Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame) para construir sobre la pantalla movida con elegancia, causa y concierto.

 

A la planimetría del contenido de acción se aúna una vocación certera para maximizar ángulos y tomas en función de una visualidad y un ritmo paroxístico que lleva al largometraje a su punto máximo de ebullición. Estas escenas, pura testosterona, nervio y organicidad, brindan fuelle a un relato huero, tan invisible como el título, donde Ryan Gosling es una triste sombra de películas como Drive (Nicolas Winding Refn, 2011).

 

Billy Bob Thornton, cual invariablemente ocurre con este actor, ayuda mediante su incorporación del jefe del agente de la CIA Sierra 6. Y Ana de Armas, compañera de equipo del segundo, está centrada y contenida como pocas veces. Sin preocuparse por proyectar su voluptuosidad ni otros propósitos extras, la cubana hace lo que debe hacer y es, junto a Billy Bob Thornton, lo mejor de la función.

 

El volumen que sirve de base a esta imperialista película es la novela publicada en 2009 por Mark Greaney, conocido por fungir de colaborador de Tom Clancy en el más reciente período y por continuar escribiendo el personaje de Jack Ryan (nuestra tele, afecta a los agentes de la tenebrosa agencia norteamericana, tiene o tuvo en fecha reciente serie en cartelera al respecto) tras su fallecimiento hace nueve años.

 

No obstante el poco éxito obtenido por El agente invisible, Netflix pretende crear una franquicia con el personaje y las novelas de Greaney. Al menos en cantidad tienen para contar: Además de The Gray Man hay otros libros: On Target (2010); Ballistic (2011); Dead  Eye (2013); Back Blast (2016); Gunmetal Gray (2017); Agent in Place (2018); Mission Critical (2019); One Minute Out  (2020); Relentless (2021); Sierra Six (2022) y Burner, en 2023.

jueves, 6 de octubre de 2022

Blonde, retrato de una mujer quebrada

 

Mejor que estudio de personaje, que lo es, Blonde debe identificarse en términos más precisos de calificación como el estudio del costado de un personaje, el del dolor  y la pena vital de Marilyn Monroe, esa construcción prefabricada por los estudios hollywoodenses, cuyo desmenuce emocional desde el plano más íntimo emprende el realizador Andrew Dominik a partir de la biografía novelada de Joyce Carol Oates.

 

El filme de reciente estreno mundial, ahora en las pantallas cubanas, arranca en la etapa larval de Norma Jeane, como la llamó aquella madre neurótica quien la responsabilizó de la ausencia paterna, carga culposa que la niña, según el filme, asume a través de una forma de veneración extrema hacia la figura del progenitor nunca conocido: elemento simbólico-argumental este que lastra fuertemente el decurso del relato.

 

Las soluciones cinematográficas tendentes a representar dicha adoración o curiosa dependencia sentimental por alguien no tangible afectan bastante a una película que en la exageración de dicha tesitura pierde trecho, de sus casi tres alargadísimas horas, para adentrarse en otros ángulos de la vida de la actriz. Este comentarista no veía desde hace años una imagen tan cursi, tan prescindible, como la de ese padre supuesto aparecido entre nubes o volutas de humo al borde la muerte de la adolorida mujer.

 

Adolorida mujer a la cual que el guionista y director no le permite distensión alguna a lo largo del metraje, pues la intención manifiesta, sin desvío de tono y camino, es plasmar el sufrimiento, el estado de quiebra de una persona traumada, a quien la vida golpea una y otra vez (la madre desquiciada, el padre no presente, los embarazos perdidos, su infructuosa relación con muchos hombres y golpizas incluidas, abusos, humillaciones, su vínculo con las drogas, su función de usar y tirar por los Kennedy: por cierto, a Dominik se le va la mano con la felación de Marilyn a JFK mientras el presidente escucha por teléfono a alguien que, vaya casualidad, le transmite las acusaciones de las que está siendo blanco por violaciones o acoso a distintas a distintas mujeres).

 

El firmante de la notable El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y la olvidable Mátalos suavemente  también pierde la compostura en otras apelaciones de su afectada construcción -el desfile de espermatozoides, las conversaciones de la estrella grávida con el feto, el alma desprendida de la actriz en su lecho de muerte-, así como en la pueril poetización del engarce erótico trilateral de la Monroe con los respectivos hijos de Charles Chaplin y Edward G. Robinson. En tal u otros lances, uno aprecia las actitudes de la Marilyn pergeñada por Dominik y no le queda otra que pensar que, como sabemos y remacha el largometraje, fue una mujer ingenua, frágil, emocionalmente dependiente, dueña de una sexualidad proclive a la desmedida atención masculina, cosificada, quien pagó como nadie el precio de la fama sí; pero, además, casi tan tonta en la vida real como se empeñaban los guionistas en definir sus personajes.

 

Sin embargo, para que no reparemos mucho en la condición que él mismo sugiere, el director neozelandés compensa (la búsqueda de equilibrios en cine a veces son tan peligrosas como las compensaciones de los árbitros en el balompié) y no las pone, en formas doctas, corrigiendo al mismísimo Arthur Miller, evocando a Dostoievski en la audición de un filme o sacando a colación a Chéjov a cada rato. De cierto, Norma Jeane leyó al autor de Tío Vania de acuerdo con las biografías; el problema es la manera manipulada mediante la cual el creador inserta tales presuntas muestras de erudición.

 


Blonde
, estéticamente caprichosa en los cambios no siempre plausibles de formato o color, acusa exceso de incontención, sobre todo, durante su tercer acto, al intentar transmitir la psiquis fracturada del personaje central, cuando se pierde más de la cuenta entre los fantasmas y oscuridades de la Monroe concebidos por Dominik.

sábado, 23 de abril de 2022

Aguas profundas: ni thriller, ni erótico


 Sin que el espectador participase de su experiencia de voyeur en tiempo real, pues es una carga informativa suministrada por intermedio de un racconto, el maduro, alcohólico e impotente personaje del ricachón encarnado por Rod Steiger ve como cada noche su esposa, Romy Schneider, es tomada por su joven vecino, arriba de la alfombra de la sala del chalet familiar de Saint-Tropez, en la película Manos sucias (Claude Chabrol, 1975).

domingo, 26 de abril de 2020

domingo, 2 de julio de 2017

Hands of Stone: biopic sobre el pugilista Roberto Durán


Robert De Niro, protagonista del más sobresaliente drama pugilístico de los últimos cuarenta años: Toro salvaje, dirigido por el maestro Martin Scorsese en 1980, es ahora -como consecuencia de un cruce entre los deseos de homenaje fílmico y la biología-, el mentor del boxeador-personaje central de Manos de Piedra (Hands of Stone, Jonathan Jakubowicz, Estados Unidos-Panamá, 2016). Algo similar había sucedido poco antes con Sylvester Stallone, el Rocky del filme original homónimo de 1976, devenido entrenador en Creed (2015).

domingo, 15 de mayo de 2016

Knock, Knock: no, no



No he visto aún la última película de Eli Roth, mas sus antepenúltimo y penúltimo opus (Infierno verde y Knock, Knock) son exploitation high-trash del rey del pornoterror. Knock… (2015), de entrada, tiene décadas de atraso en sus formas y modelos cinematográficos. Ya estos thrillers hollywoodenses de gente que se mete en la casa del otro a secuestrarlo, al menos de esta forma tan arbitraria y ridículamente erotizada porque aun existen variantes de mérito, cayeron en desuso puesto que no tenían más que decir. Salvo conocidas excepciones, se fabrican al montón, en clave de telefilmes, para rellenar las parrillas de las cadenas a horarios insanos.
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