De Las mil y una noches (Anónimo, 850) a El
cuento de los cuentos (Matteo Garrone, 2015), la literatura y el cine,
parientes consanguíneos solo diferenciados por el gen de la imagen física, han
experimentado innumerables operaciones discursivas meta sobre cuanto son en sí
mismos: poderosos artefactos narrativos que encuentran en la capacidad fabulatoria
y la imaginación las poleas transmisoras de su movimiento eterno.
