De Las mil y una noches (Anónimo, 850) a El
cuento de los cuentos (Matteo Garrone, 2015), la literatura y el cine,
parientes consanguíneos solo diferenciados por el gen de la imagen física, han
experimentado innumerables operaciones discursivas meta sobre cuanto son en sí
mismos: poderosos artefactos narrativos que encuentran en la capacidad fabulatoria
y la imaginación las poleas transmisoras de su movimiento eterno.
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jueves, 3 de noviembre de 2016
domingo, 10 de agosto de 2014
Boccaccerías habaneras y Meñique (crítica doble)
Antes del arribo en masa de los invencibles escritores rusos, por años,
entre mis muchas predilecciones literarias iniciales figuraron Las mil y una noches y el Decamerón. Mientras, al paso de la
infancia, leía los dos últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar;
historias-tributos al poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con
mucha preferencia, entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por
primera vez nos llegaría la evocación visual de esa conformación biológica
inigualable que es el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De
dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo
boccacciano estamparan grandes maestros, a la manera de Pier Paolo Pasolini (El Decamerón, 1971) o, con precedencia,
Vittorio de Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli y Luchino Visconti (Boccaccio ´70, 1962), dentro del formato
de los -a la sazón allí tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.
domingo, 13 de julio de 2014
Boccacerías habaneras: una gozada de Arturo Sotto
Antes de los invencibles escritores rusos, por años, entre mis
predilecciones literarias figuraron Las mil y una noches; el Decamerón o el
Apólogo de la
Fantasía. Mientras, al paso de la infancia, leía los tres
últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar; historias-tributos al
poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con mucha preferencia,
entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por primera vez nos
llegaría la evocación visual de esa conformación biológica inigualable que es
el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De
dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo
bocacciano estamparan grandes maestros, alguno de estos en los -a la sazón allí
tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.
Etiquetas:
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