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viernes, 28 de julio de 2023

La novicia jardinera, un tierno cuento filmado de Arturo Sotto

 

“En los largos días estivales, una mariposa nace a las siete de la mañana y muere a las seis de la tarde ¿Cómo podrá comprender el significado de la palabra noche?”, se preguntaba el personaje de Camila (Susú Pecoraro), rabiosamente enamorada de un sacerdote durante la Argentina de la primera mitad del siglo XIX, en la película homónima de María Luisa Bemberg estrenada para 1984. Ella, al menos, aunque por breve tiempo, con su Ladislao (Imanol Arias), pudo conocer la expresión más vital de la comunión de los cuerpos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Boccaccerías habaneras y Meñique (crítica doble)


Antes del arribo en masa de los invencibles escritores rusos, por años, entre mis muchas predilecciones literarias iniciales figuraron Las mil y una noches y el Decamerón. Mientras, al paso de la infancia, leía los dos últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar; historias-tributos al poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con mucha preferencia, entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por primera vez nos llegaría la evocación visual de esa conformación biológica inigualable que es el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo boccacciano estamparan grandes maestros, a la manera de Pier Paolo Pasolini (El Decamerón, 1971) o, con precedencia, Vittorio de Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli y Luchino Visconti (Boccaccio ´70, 1962), dentro del formato de los -a la sazón allí tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.

domingo, 13 de julio de 2014

Boccaccerías habaneras: una gozada de Arturo Sotto


Antes de los invencibles escritores rusos, por años, entre mis predilecciones literarias figuraron Las mil y una noches; el Decamerón o el Apólogo de la Fantasía. Mientras, al paso de la infancia, leía los tres últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar; historias-tributos al poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con mucha preferencia, entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por primera vez nos llegaría la evocación visual de esa conformación biológica inigualable que es el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo bocacciano estamparan grandes maestros, a la manera de Pier Paolo Pasolini (El Decamerón, 1971) o, con precedencia, Vittorio de Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli y Luchino Visconti (Boccaccio ´70, 1962), dentro del formato de los -a la sazón allí tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.

Boccacerías habaneras: una gozada de Arturo Sotto


Antes de los invencibles escritores rusos, por años, entre mis predilecciones literarias figuraron Las mil y una noches; el Decamerón o el Apólogo de la Fantasía. Mientras, al paso de la infancia, leía los tres últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar; historias-tributos al poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con mucha preferencia, entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por primera vez nos llegaría la evocación visual de esa conformación biológica inigualable que es el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo bocacciano estamparan grandes maestros, alguno de estos en los -a la sazón allí tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.
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