Hay un venerable señor en el
Japón -activo en el arte del dibujo
animado desde los ´60 durante la época del estudio Toei, si bien hasta escasos
lustros solo pasto de cenáculos-, quien en los tiempos del ordenador, Aardman
con su stop motion, Dreamworks y esa Pixar
repleta de lumbreras de la era digital, continúa animando a lápiz sus storyboards e historias completas
confeccionadas a pura imagen pintada a mano. A los cinco dedos suma un corazón
tan noble, e ígneo a la vez, como los colores identificadores del pendón
nacional. Hombre sui géneris, de proclividad anacorética, pesimista a veces y
muy optimista otras; distante de la manía fotorrealista del género lo mismo que
del uso de unas nuevas tecnologías hacia las cuales no oculta su desdén;
marxista, izquierdista; estudiante de ciencias económicas; sindicalista; amante
de la aviación, los autos antiguos, la naturaleza y sobre todo, de la infancia,
se nombra Hayao Miyazaki (Tokio, 1941).
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domingo, 15 de junio de 2014
Miyazaki, trazos iluminados de un genio de la animación
martes, 7 de enero de 2014
Epic, miniaturas aladas en un mundo verde
El cineasta japonés Hayao Miyazaki, la mayor sensibilidad viviente del
universo de la animación pese a su lamentable retiro hace unos meses, nos
enseñó a conmovernos con pequeñas grandes historias donde los muy distintos conceptos
de bosque, vida salvaje, medio ambiente, pequeñez física, amistad y solidaridad
alcanzan una sensación desconocida, con flechas de sentido dirigidas a
corroborar la certeza de lo colosal, magno y bello de este mundo en que vivimos
y las personas que lo habitan, por arriba de cualquier prejuicio negativo o
posible presunción desvirtuada. Esto, sin los desbordes melifluos de la escuela
Disney, y desprovisto del corte tan cargante de algunas fábulas morales del
cine de acción real.
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