La
estructura morfológica de Esteban,
largometraje cubano a concurso en este Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,
remite tanto a las estrategias formo-narrativas de diversos teleplays
nacionales de mejor o peor fortuna artística programados por los canales
cubanos como a las de episodios del currículo de Pastor Vega, al modo de Habanera (1984), donde la permeable
línea fronteriza entre televisión filmada con ínfulas de cine o acaso de cine
encapsulado dentro de un status televisivo del cual no pueden salir impide la
consumación del parto específicamente cinematográfico.
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jueves, 8 de diciembre de 2016
Esteban
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miércoles, 11 de septiembre de 2013
Melaza, el mundo perdido
El advenimiento del período especial conllevó a la baja del 700 por
ciento en la producción de azúcar del país, aparejada la ostensible restricción
al doble mal de una caída de los precios del dulce en el mercado mundial. Era
imposible mantener, al menos con el mismo patrón imperante por décadas, a dicha
industria, considerada uno de los pilares económicos del modelo cubano; además
de representar elemento cultural y cosmosivo de ineluctable vínculo con el ser
nacional o la cubanidad.
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miércoles, 6 de febrero de 2013
La película de Ana: filme correcto con gran personaje e interpretación
El estreno cubano es exhibido en todo el país ahora
La película de Ana (Daniel Díaz Torres, 2012) bien pudiera haberse titulado La película de muchos, en tanto engloba en su relato la -a su disgusto- inmarcesible dicotomía de tantos conacionales entre querer y no poder; porque ensarta en su flechazo discursivo la disyuntiva de miles de compatriotas entre ser fieles a preceptos morales y estar obligados a burlarlos por circunstancias económicas que los superan. Es muy triste ello: sucumbir al reinado tácito de la concesión. De tal que, aunque a la larga sea una comedia dramática, o dramedia según el término estadounidense, el filme resulte uno de los más desconsoladores de una pantalla nacional reciente donde si algo no abunda es la alharaca entusiasta o el jolgorio (Camionero, Melaza, Penumbras, Marta, Alumbrones, La anunciación, Casa vieja, Fábula, Chamaco, La guarida del topo, Verde verde, Larga distancia…), para dejarlo solo en la ficción, porque en la parcela documental resulta tanto o mucho más lancinante el reflejo.
La película de Ana (Daniel Díaz Torres, 2012) bien pudiera haberse titulado La película de muchos, en tanto engloba en su relato la -a su disgusto- inmarcesible dicotomía de tantos conacionales entre querer y no poder; porque ensarta en su flechazo discursivo la disyuntiva de miles de compatriotas entre ser fieles a preceptos morales y estar obligados a burlarlos por circunstancias económicas que los superan. Es muy triste ello: sucumbir al reinado tácito de la concesión. De tal que, aunque a la larga sea una comedia dramática, o dramedia según el término estadounidense, el filme resulte uno de los más desconsoladores de una pantalla nacional reciente donde si algo no abunda es la alharaca entusiasta o el jolgorio (Camionero, Melaza, Penumbras, Marta, Alumbrones, La anunciación, Casa vieja, Fábula, Chamaco, La guarida del topo, Verde verde, Larga distancia…), para dejarlo solo en la ficción, porque en la parcela documental resulta tanto o mucho más lancinante el reflejo.
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