Luego
de la norteamericana y la francesa, es la industria cinematográfica de Corea
del Sur la tercera más completa del mundo. Al, casi en masa, deplorable cine
hindú no lo tiene en cuenta este comentario, porque de las 850 películas
anuales que produce, el 95 por ciento son destinadas a un consumo
inexcusablemente interno, en virtud de su folclorismo exacerbado y la letanía
de su inalterable dispositivo narrativo-formal amarrado a historias sosas,
melodrama, baile y canciones.
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sábado, 9 de junio de 2018
martes, 29 de abril de 2014
El embrujo de Chungmuro: la pantalla de Corea del Sur
Allende Hollywood, se cuentan con una mano e incluso sobra el pulgar las
cinematografías que, a la fecha, logran mantener un mercado interno de
distribución, con un receptor nativo que aprecie en pantalla producción de
factura nacional a través de buena parte del año. De exceptuarse la, a juicio
personal del redactor, hórrida por extremadamente
folclorista/local/apastelada/melófila experiencia hindú -descontando por
supuesto a los dos o tres realizadores de relieve mundial existentes hoy allí-,
con sus casi 900 títulos anuales consumidos con fruición por los paladares sin
par del Indostán; el ahora retraído en tal cuerda Japón, no obstante así y todo
rondar los 300 títulos al finalizar cada diciembre; o Francia, la única de
todas las industrias europeas navegante en estos mares, es por mucho Corea del
Sur la expresión particular de mayor connotación en dicho sentido.
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