Consultar
los índices de recaudación de la industria cinematográfica durante 2017 es un
ejercicio tan deprimente como necesario. Lo primero, porque confirma, por
enésimo año, la hegemonía aplastante del peor cine norteamericano de evasión en
el pináculo de la recepción mundial. Lo segundo, porque da la idea de cuán
necesario resulta fortalecer la educación estética que contribuya a la
formación de consensos de gusto enfilados a otras propuestas mucho más
aportadoras desde todos los planos.
