lunes, 27 de febrero de 2017

Moonlight


La primera grandísima hora de Moonlight (recompensado con el Oscar a la Mejor Película del Año, el Globo de Oro e innumerables premios más; aunque en justicia es inferior a Manchester frente al mar, su máximo rival en la competencia por la estatuilla) representa un estudio acerca del estado de demolición anímica al cual puede conducir el miedo al acorralado, sin parangón este dentro del cine norteamericano debido a su solidez y singularidad.

martes, 14 de febrero de 2017

Julieta



Cuanto cuenta Pedro Almodóvar en su drama maternofilial Julieta (2016) es la tan sencilla cuan complicadísima historia -a veces depende de genéticas, químicas del cerebro o de las circunstancias medias de las trayectorias vitales; como también del receso de diálogos u otras formas comunicativas- de las relaciones filiales y, específicamente, las tejidas entre madres e hijas. Con todo cuanto propenden, algunas de estas, a la (in) superación de valladares emocionales paradójicamente cimentados a partir de universos cuyas extremas proximidades -tal que funcionarían como espejos- propician la huída de los retoños de las propias órbitas de sus progenitoras. Acaso por hastío, por la sospecha de repetir lo que no quieren ser, por saberse desnudas ante la mirada escrutadora de quien lo sabe todo, por miedo o -también- por demasiado amor.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Esteban



La estructura morfológica de Esteban, largometraje cubano a concurso en este Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, remite tanto a las estrategias formo-narrativas de diversos teleplays nacionales de mejor o peor fortuna artística programados por los canales cubanos como a las de episodios del currículo de Pastor Vega, al modo de Habanera (1984), donde la permeable línea fronteriza entre televisión filmada con ínfulas de cine o acaso de cine encapsulado dentro de un status televisivo del cual no pueden salir impide la consumación del parto específicamente cinematográfico.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Mi hermano Fidel, inolvidable documental de Santiago Álvarez



El niño guantanamero Salustiano Leyva tenía once años cuando vio a José Martí, al arribo del patriota a Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895. Fue testigo de uno de los momentos gloriosos de la historia de Cuba en el siglo XIX. Vivió con esa gloria.
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