El niño
guantanamero Salustiano Leyva tenía once años cuando vio a José Martí, al
arribo del patriota a Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895. Fue testigo
de uno de los momentos gloriosos de la historia de Cuba en el siglo XIX. Vivió
con esa gloria.
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jueves, 1 de diciembre de 2016
domingo, 26 de febrero de 2012
Ciudad en rojo
El filme cubano es vendido en DVD como parte de la Feria del Libro
En Santiago de Cuba “todas las formas de crueldad, ensañamiento y barbarie fueron sobrepasadas”, escribe Fidel Castro en La Historia me Absolverá, al referirse a los crímenes perpetrados por los asesinos de la tiranía de Fulgencio Batista contra los opositores y el pueblo inocente.
Esa “borrachera de sangre” no se produjo solo en los días posteriores al Moncada, sino durante todo el régimen, por obra y mano de indigentes de alma y cerebro, uniformados todos, salvo los chivatos (cuya connotación más siniestra, verdadera, repudiable se conoció entonces como nunca en la historia de Cuba) a la orden de este o aquel capitanote de mano roja, teledirigida desde las alturas de Palacio, Columbia u otro infierno parecido.
En Santiago de Cuba “todas las formas de crueldad, ensañamiento y barbarie fueron sobrepasadas”, escribe Fidel Castro en La Historia me Absolverá, al referirse a los crímenes perpetrados por los asesinos de la tiranía de Fulgencio Batista contra los opositores y el pueblo inocente.
Esa “borrachera de sangre” no se produjo solo en los días posteriores al Moncada, sino durante todo el régimen, por obra y mano de indigentes de alma y cerebro, uniformados todos, salvo los chivatos (cuya connotación más siniestra, verdadera, repudiable se conoció entonces como nunca en la historia de Cuba) a la orden de este o aquel capitanote de mano roja, teledirigida desde las alturas de Palacio, Columbia u otro infierno parecido.
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