En Miel para
Oshún, a partir, solo a partir, de una de sus sempiternas obsesiones
temáticas: vectores convergentes sociedad-individuo; nación-persona; evolución
social-destino, en tanto parte de esta historia del niño obligado por su padre
a marchar hacia los Estados Unidos en los´60, que regresa hombre, 32 años
después en busca de su madre y un yo jamás conocido, Humberto Solás compone una
lírica pieza de febriles arrebatos de humanidad y espíritu, superior a las dos
películas cubanas que con anterioridad atendieran directa o
tangencialmente los rostros y consecuencias de la emigración: Lejanía,
Jesús Días, 1985, y Vidas paralelas,
Pastor Vega, 1992.
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miércoles, 11 de marzo de 2015
domingo, 1 de marzo de 2015
La pared de las palabras: la obra cumbre de Fernando Pérez
Ha sido tan sobreprotectora parte de la crítica cubana con el cine nacional, elevando a nichos u Olimpos que no le correspondían a películas simplemente correctas, que los pastores corren el riesgo de no hacerle caso al grito de lobo, cuando de verdad aparezca uno dispuesto a devorarte tu apatía ante la reiteración sin límites en el arte cinematográfico contemporáneo; y de paso plantar bien sus huellas al sentar cátedra en pantalla y narrar mediante una convicción apabullante que te recorte el resuello, enardezca tus sentidos críticos y plantee una opción estimulante al pensamiento como lo ha conseguido La pared de las palabras (Fernando Pérez, 2014).
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Raúl Pérez Ureta
viernes, 21 de marzo de 2014
Barrio Cuba, desgarradora pieza de Solás, de reestreno por aniversario del ICAIC
Ver otra vez la, a propósito del aniversario del ICAIC, reestrenada Barrio Cuba resulta una aplastante (y a la vez fecunda
y necesaria) experiencia vital. Es una película hecha desde el dolor para
comprenderse en el dolor, que te crispa, te revuelve el estómago, masacra tu
día y hasta puede crear un posible complejo de culpa a quien no haya escalado
su Gólgota individual, a quien no arrastre o arrostre su cuita compañera. Pero,
alquimias del cine, al suministrar un ineludible componente purificador
añadido, te limpia la mente y desbroza las sendas, te aparta -al menos de
momento-, de la sordidez aledaña y personal. Y asegura a su destinatario, a
diferencia de otros filmes nuestros en frecuencias tonales colindantes con lo
elegíaco o el réquiem, que siempre (o casi para ser exactos) hay una salida,
una claraboya de aire y luz en medio de la habitación más oscuramente
desoxigenada.
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